Cuidar de otros creyentes

Filipenses 2:19-20 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también sea alentado al saber de vosotros; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros.

He aquí un principio fundamental: si nuestra búsqueda de Cristo no despierta en nosotros una verdadera preocupación por la iglesia, esto indica que no es normal ni equilibrada. En la actualidad muchos cristianos procuran ser espirituales, pero no se preocupan por la iglesia ni por los santos [creyentes].  Una actitud así no es normal. Muchos cristianos desean ser “espirituales”, “santos” o “victoriosos”. Sin embargo, los que buscan la espiritualidad y no se preocupan por las iglesias yerran al blanco. Pero si buscamos a Cristo de una manera normal, espontáneamente nos preocuparemos por las iglesias y por los santos.

En 2:19-30 él indicó que si verdaderamente experimentamos a Cristo, debemos sentir preocupación por la iglesia y por los santos. Tal vez pensemos que experimentar a Cristo es una cosa y que preocuparnos por la iglesia es otra. Tal vez pocos hemos visto que experimentar y disfrutar a Cristo, es de hecho preocuparse por la iglesia, y que preocuparse por la iglesia, equivale en realidad a experimentar y disfrutar a Cristo. Por naturaleza, tendemos a separar estos dos asuntos.

Quizás pensemos que puesto que disfrutamos a Cristo, no nos queda tiempo para la iglesia, o por el contrario, que por estar tan ocupados en la iglesia nos falta tiempo para disfrutar a Cristo. Es imprescindible que veamos que estos dos asuntos presentados en 2:19-30 son en realidad uno solo. Si verdaderamente experimentamos a Cristo y lo disfrutamos, nos preocuparán las iglesias y los santos. Experimentar a Cristo debe redundar en el beneficio de Su Cuerpo.

Era como si en estos versículos, él dijera “me es imposible ir a veros puesto que estoy encarcelado, pero si estuviera en libertad, iría inmediatamente a vosotros. Ya que no puedo ir, os envío a Timoteo. La experiencia que él tiene de Cristo lo ha llevado a sentir una profunda carga por las iglesias y por los santos”. Quisiera recalcar una vez más que si verdaderamente experimentamos a Cristo, nos preocuparemos por las iglesias y por los santos.

  1. No tener confianza en la carne (1)

Filipenses 3:3-6 Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos por el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, llegué a ser irreprensible.

En el versículo 5 Pablo declara que él fue circuncidado al octavo día. Este era el día en que un verdadero israelita debía ser circuncidado (Gn. 17:12). Eso lo distinguía de los ismaelitas y de prosélitos, quienes eran circuncidados posteriormente. Además, Pablo podía confiar en el hecho de pertenecer a la tribu de Benjamín. Esta era una tribu preciosa y fiel, en medio de la cual estaba la ciudad real de Jerusalén y el templo de Dios. Pablo declaró también que era hebreo, hijo de hebreos. Él había nacido de padres hebreos, con antepasados hebreos por ambas partes; es decir, que sus abuelos, tanto paternos como maternos, eran hebreos. Sólo una persona como él podía decir que era hebreo, hijo de hebreos.

Por lo tanto, él podía gloriarse de tener sangre hebrea pura, de ser un auténtico hebreo. En cuanto a la ley, Pablo declaró que era fariseo (v. 5). La ley de Moisés era respetada por todos los judíos ortodoxos. Como fariseo, Pablo era miembro de la secta más estricta de la religión judía (Hch. 26:5; 23:6), una secta extremadamente celosa por la ley de Moisés. Los fariseos estaban orgullosos de su vida religiosa superior, de su devoción a Dios y de su conocimiento de las Escrituras. Pablo persiguió a la iglesia por causa de su celo por la ley y el judaísmo. Él mismo declaró: “En cuanto a celo, perseguidor de la iglesia”, él se refiere a su celo por la ley de Moisés y por la religión judía (Gá. 1:14). Los judíos que perseguían a la iglesia eran ciertamente los líderes del judaísmo. Nadie los podía superar en su celo. Pablo se jactaba del celo con el cual perseguía a la iglesia.

Por último, Pablo declaró: “En cuanto a la justicia que es en la ley, llegué a ser irreprensible”, es decir, hallado o mostrado irreprensible. Por supuesto, esto era a los ojos de los hombres, según el juicio del hombre. A los ojos de Dios, según Su justa ley, ninguna carne es irreprensible (Gá. 2:16).

En el pasado, él mismo se había destacado como judaizante, pero tuvo un cambio radical. Si Pablo hubiera seguido siendo judaizante, nunca habría podido experimentar a Cristo. Pero debido a que llegó a ser una persona diferente, una persona que servía por el Espíritu de Dios, que se gloriaba en Cristo Jesús y que no tenía confianza en la carne, él pudo disfrutar y experimentar a Cristo ricamente.

Asimismo, nosotros tampoco debemos confiar en la carne, esto es, en nuestra capacidad natural, en nuestra herencia ni en nuestras tradiciones. Por el contrario, debemos formar parte de los que sirven a Dios por Su Espíritu, se glorían en Cristo y no confían en la carne. Entonces nuestra experiencia de Cristo será verdadera.

Próxima publicación: ASPECTOS DE LA VIDA QUE EXPRESA A CRISTO III

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