No tener confianza en la carne (2)

Filipenses 3:2-3 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que servimos por el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

Aunque no somos judaizantes, en principio podemos serlo. Ciertamente ya fuimos regenerados [nacer de nuevo], pero es posible que aún sigamos viviendo en nuestra naturaleza caída, gloriándonos de nuestros logros según la carne y poniendo nuestra confianza en lo que somos por nacimiento. Como ya mencionamos, los perros, los malos obreros y los mutiladores del cuerpo en 3:2, se refieren respectivamente a la naturaleza, conducta y religión caídas. Por tanto, si seguimos viviendo conforme a nuestra vieja naturaleza, si nos gloriamos en lo que somos capaces de hacer, y si confiamos en lo que hemos obtenido, no sólo seremos iguales a los judaizantes, sino que causaremos problemas a la iglesia y nuestra experiencia de Cristo no prosperará. Si hemos de experimentar a Cristo, debemos servir por el Espíritu de Dios y no según nuestra naturaleza caída; debemos gloriarnos en Cristo y no de nuestras propias obras; y debemos basar nuestra confianza en el Señor y no en nuestros logros personales. Esta es la clave para experimentar a Cristo.

Estos versículos de Filipenses 3 deben llegar a lo más profundo de nuestro ser. Necesitamos que la luz del Señor nos ilumine con respecto a nuestra naturaleza, nuestras obras, y la confianza que tenemos en la carne. Cuando seamos iluminados en este aspecto por el Señor, reconoceremos que a pesar de haber sido regenerados por Dios y llegar a ser Sus hijos, aquellos que poseen la vida y la naturaleza divinas, aún vivimos la mayor parte del tiempo en nuestra naturaleza de “perro”. Es verdad que tenemos derecho a proclamar que somos hijos de Dios. Pero si esta declaración no corresponde con nuestra experiencia diaria, será una simple doctrina. Cuando venga el día en que la luz del Señor brille sobre nosotros y nos ilumine en cuanto a este asunto, no podremos más que postrarnos ante el Señor y confesar que nuestra naturaleza aún es impura. Entonces aborreceremos todo lo que hacemos conforme a la naturaleza caída. Entonces nos gloriaremos únicamente en Cristo y estaremos conscientes de que en nosotros mismos, no tenemos nada de qué gloriarnos.

Si permitimos que Dios nos ilumine, podremos decir verdaderamente que no confiamos en nuestras cualidades, capacidades ni en nuestra inteligencia. Sólo entonces podremos testificar que confiamos únicamente en el Señor. Una vez que hayamos sido iluminados de esta manera, experimentaremos verdaderamente a Cristo.

Estimar todas las cosas como pérdida por amor de Cristo (1)

Filipenses 3:5-8 Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, llegué a ser irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.

En el pasado a muchos se nos enseñó que las cosas mencionadas en el versículo 8 se referían a cosas mundanas y materiales. Es verdad que las cosas materiales y mundanas mantienen a la gente ocupada, impidiéndoles experimentar a Cristo. Sin embargo, de acuerdo con los versículos 5 y 6, podemos ver claramente que él no se refirió sólo a las cosas materiales. Pablo se dio cuenta de que en realidad son las cosas religiosas, filosóficas y culturales las que verdaderamente estorban a la gente y le impide experimentar a Cristo. Si usted predica el evangelio, no tardará en darse cuenta de que la religión, la filosofía y la cultura son grandes fortalezas que se oponen al evangelio.

Antes de su conversión Pablo no sentía ningún apego a los bienes materiales. Él había consagrado todo su ser a la religión, la filosofía y la cultura judías. Se había entregado por completo al judaísmo con todo lo que esto implicaba. Aparentemente, los judíos le dan mucha importancia a su religión, pero en realidad prestan mucho más atención a su cultura y a su filosofía. Por supuesto, lo mismo sucede con todas las personas, sin importar cuál sea su raza, cultura o nacionalidad. Por ejemplo, los musulmanes se encuentran completamente ocupados con sus propios conceptos, lógica, filosofía y cultura.

Repasemos las cosas que Pablo mencionó en los versículos 5 y 6. Él había sido circuncidado al octavo día, era del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, era hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, había llegado a ser irreprensible. Todo ello estaba relacionado con la religión, la filosofía y la cultura. Esto demuestra claramente que, mientras Pablo escribía estos versículos, no tenía en mente las cosas materiales, sino las cosas religiosas, filosóficas y culturales. Cuando la epístola de Filipenses fue escrita, la mayoría de los ciudadanos del Imperio Romano le daban mucha importancia a la religión, a la filosofía o a la política. De hecho, los tres principales elementos de la cultura occidental, tanto de hoy como de aquél entonces, son: la religión judía, la filosofía griega y la política romana.

Estimar todas las cosas como pérdida por amor de Cristo (2)

Filipenses 3:7-8 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.

Satanás, el enemigo de Dios, por miles de años ha usado la religión, la filosofía y la cultura para distraer a las personas e impedirles que experimenten a Cristo. El hombre fue creado para Cristo. Dios lo creó a Su imagen (Gn. 1:26), y la imagen de Dios es Cristo (Col. 1:15). Así que, el hombre fue creado a imagen de Dios para pertenecer a Cristo, pero Satanás, mediante la religión, la filosofía y la cultura, ha atrapado a las personas con el fin de impedirles que se acerquen a Cristo. Las personas simples son cautivadas por las cosas materiales, y aquellas que son más intelectuales, son atrapadas por la religión, la filosofía y la cultura.

Es fácil vencer la influencia de los bienes materiales, pero es muy difícil vencer el poder que ejerce la religión, la filosofía, y la cultura. Toda nación y cultura tiene su lógica y filosofía propias. Por ejemplo, los británicos se caracterizan por su diplomacia, la cual expresa la lógica y la filosofía propias de su nación. Por otro lado, los chinos y los japoneses están totalmente sumergidos en su lógica y su filosofía nacionales. Cada nación está firmemente arraigada a su cultura particular. Tales razonamientos y filosofías impiden que Cristo pueda encontrar en la tierra un grupo de personas que le permitan actuar libremente.

Cuando escuchamos acerca de la filosofía que tiene cada país y de la lógica que caracteriza a cada región, todos nos sentimos identificados, ya que pone de manifiesto un sustituto de Cristo que se esconde en nosotros y, al mismo tiempo, pone en evidencia al enemigo sutil que nos impide experimentarle. Por la misericordia y la gracia del Señor podemos llegar a decir que, por amor a Cristo, estimamos como pérdida nuestra filosofía nacional y nuestra lógica regional. Debemos darnos cuenta de que estas cosas reemplazan a Cristo y nos privan de una experiencia más profunda de Él. Efectivamente, le hemos experimentado hasta cierto punto; pero nuestra experiencia de Él ha sido muy limitada y no ha podido profundizar a causa de nuestra filosofía nacional y de nuestra lógica regional. ¡Que la sutileza del enemigo sea puesta al descubierto, y que realmente estimemos todas las cosas, incluyendo nuestra filosofía y nuestra lógica, como pérdida, por amor de Cristo, a fin de que podamos disfrutarlo y experimentarlo plenamente!

Filipenses 3.12-16 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.

Hebreos 10.39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Gracias por habernos acompañado en esta serie de publicaciones!

Un gran abrazo!

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