Efesios 1:22 y 23 dice: “Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

En este pasaje, las palabras “a” (v. 22) y “para con” (v. 19) aluden a una transmisión de vida que se lleva a cabo de Cristo a la iglesia. Ni siquiera nosotros, los que estamos en la vida de iglesia, sabemos plenamente lo que transcurre entre Cristo y la iglesia. Dicha transmisión de vida se inició en el día de Pentecostés y continúa hasta el día de hoy.

UNA TRANSMISIÓN DE VIDA CONTINUA

Esta transmisión de vida de vida comenzó el día de Pentecostés y sigue continuando hasta el día de hoy, sigue activa ahora en torno a la iglesia. Todo lo que logró Cristo en calidad de Cabeza, se trasmite continuamente a Su Cuerpo. El poder divino se seguirá trasmitiendo a la iglesia por la eternidad y nunca cesará.

SOMOS EL CUERPO EN LA NUEVA CREACION

El Cuerpo no es una organización, sino un organismo constituido por todos los creyentes regenerados, y tiene como fin que la Cabeza se exprese y lleve a cabo Sus actividades.

El Cuerpo es producto del Cristo encarnado, crucificado, resucitado, ascendido, quien descendió a la iglesia. En nuestra vida natural, no somos aptos para formar parte del Cuerpo, sólo somos buenos para que se nos ponga fin y se nos sepulte, a fin de que seamos resucitados. Por naturaleza, ni siquiera nuestro espíritu es útil para formar parte de Cristo. Antes de que Cristo fuera crucificado y de que resucitara, no existía el Cuerpo. El tenía muchos seguidores, mas no el Cuerpo. El Cristo encarnado no podía producir el Cuerpo, El tenía que ser crucificado para eliminar la carne, el hombre natural y la vieja creación en su totalidad. Después de acabar con todo esto por medio de Su crucifixión, Cristo entró en resurrección para hacer germinar algo nuevo. Por consiguiente, el Cuerpo llegó a existir después de la resurrección de Cristo. En nuestra vida natural y en la vieja creación no somos el Cuerpo, pero sí lo somos en la nueva creación que fue germinada por la vida de resurrección de Cristo.

Por medio de la encarnación, Dios el Creador se hizo un hombre de nombre Jesús. Aunque Dios vivía, se movía y actuaba en Jesús, era imposible que existiera el Cuerpo, pues para ese entonces Jesús todavía no era la Cabeza. Fue después de que El ascendió a los cielos que Dios lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. Por medio de la muerte de Cristo, la vieja creación, que incluye nuestro viejo hombre, nuestra carne y nuestro ser natural, llegó a su fin. Después de Su crucifixión, Cristo llevó consigo la vieja creación a la tumba y la sepultó allí. Cuando El entró en resurrección con la nueva creación, dejó en la tumba la vieja creación. Luego ascendió a los cielos y fue dado por Cabeza sobre todas las cosas.

Como ya mencionamos, en el día de Pentecostés, el Cristo crucificado, resucitado y ascendido, quien fue dado por Cabeza sobre todas las cosas, comenzó a trasmitir a la iglesia todo lo que El llevó a cabo, logró y obtuvo. Desde ese día, esta transmisión de vida no ha cesado, lo cual indica que ella tiene un comienzo, mas no un final. Después de todos los maravillosos pasos que dio Dios, tales como la creación, la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión, El entró en la iglesia con todos Sus logros. Así que, la iglesia, el Cuerpo, es una entidad que existe totalmente en resurrección y ascensión, donde tanto los elementos naturales como la vieja creación quedan eliminados. El Cuerpo, un organismo en resurrección y en ascensión, existe completamente en la nueva creación y no tiene nada que ver con la vieja creación. Si alguien todavía vive conforme al viejo hombre, al hombre natural, o a la carne, no forma parte del Cuerpo. Cada parte del Cuerpo pertenece a la nueva creación. Muchos de los que hablan acerca del Cuerpo y del ministerio del Cuerpo son personas naturales y carnales, no viven en resurrección. Es necesario que todos entendamos que el Cuerpo llegó a existir cuando Cristo ascendió. Habiendo ascendido a la diestra de Dios, El trasmite Sus logros a la iglesia ininterrumpidamente. Así llega a existir la IGLESIA.

LA TRASMISION DE VIDA DEL CRISTO ASCENDIDO PRODUCE EL CUERPO

Hemos visto que el Cuerpo de Cristo no existía antes de la crucifixión de Cristo, sino que se produjo después de la ascensión, cuando algo del Cristo ascendido se infundió en los creyentes. Esto indica que la transmisión de vida del Cristo ascendido produce el Cuerpo. Todo lo que hablemos en la vida de iglesia, en el ministerio, o en la comunión, debe ser fruto de esta transmisión de vida. Si lo que expresemos proviene de dicha transmisión de vida, proviene del Cuerpo, de lo contrario, proviene de otra fuente. En el Cuerpo no hay nada natural, nada de la carne, nada de la vieja creación. Todos debemos tener esta visión. Debemos leer estos versículos una y otra vez hasta que la luz resplandezca sobre nosotros. Cuando recibamos esta visión, diremos: “Indudablemente el Cuerpo no proviene del hombre natural, sino de la transmisión de vida del Cristo ascendido”.

LA PLENITUD DE CRISTO

El versículo 23 dice que el Cuerpo es “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. El Cuerpo de Cristo es Su plenitud. La plenitud de Cristo resulta del disfrute que tenemos de las riquezas de Cristo (Efesios 3:8). Al deleitarnos de Sus riquezas, llegamos a ser Su plenitud, Su expresión.

Esta es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Cristo, quien es el Dios infinito e ilimitado, es tan grande que lo llena todo en todo. Un Cristo tan grandioso necesita que la iglesia sea Su plenitud para que lo exprese completamente.

Es en la transmisión de vida que el Cuerpo de Cristo es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo, porque el Cristo que todo lo llena en todo se halla en la transmisión de vida. La transmisión de vida nos conecta a este Cristo. De esta manera, la iglesia llega a ser la plenitud del Cristo que todo lo llena en todo.

DISFRUTAR DE LAS RIQUEZAS DE CRISTO Y LLEVAR UNA VIDA DE IGLESIA APROPIADA

No debemos tomar esto como una simple enseñanza, al contrario, debemos llevarlo a la práctica. Si lo ponemos en práctica, disfrutaremos de las riquezas de Cristo cada vez que leamos la palabra de Dios. Cuán inescrutables son las riquezas de CRISTO. En la transmisión de vida, las inescrutables riquezas de Cristo llegan a ser nuestro disfrute, ellas llegan a ser también los elementos constitutivos de nuestro ser espiritual. Esto produce el Cuerpo como la plenitud del Cristo que todo lo llena en todo.

La transmisión de vida nos conecta al Cristo ascendido. En esta transmisión de vida disfrutamos a Cristo según lo que consta en la Biblia. Todo lo que leemos en la Biblia llega a ser real para nosotros mediante esta transmisión de vida. Es de esta manera que las riquezas de Cristo llegan a ser nuestro disfrute.

Prestemos atención a estas dos frases de Efesios 1: “para con nosotros los que creemos”, y “a la iglesia”. El poder divino fue instalado en nosotros de una vez por todas, pero se nos trasmite continuamente. En esta transmisión de vida disfrutamos a Cristo y llevamos una vida de iglesia apropiada.

Al disfrutar de las riquezas de CRISTO, recibimos, expresamos y damos a conocer la Herencia que hemos recibido.

La IGLESIA es el único organismo capaz, legal y completamente autorizado por Dios para dar a conocer la Herencia mas grandiosa y poderosa que alguien pudiera recibir que es CRISTO habitando en nosotros. 

Saludos enormes!

 

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