Después de la Cruz, todo el lenguaje y la expresión de vida que se habla es NUEVO.
Hablar del Nuevo Pacto no es hablar de algo “NUEVO” en cronología, sino NUEVO en manifestación. No es algo NUEVO que hablamos porque recién aparece sino porque recién se nos revela.
Es tan asombroso notar que la revelación de un patrón divino es siempre fiel a los principios fundamentales. Para ponerlo claramente, los estatutos y preceptos de Dios nunca cambian, pero los métodos de Dios para establecer Su propósito en la humanidad están constantemente evolucionando. “Es simplemente maravilloso cómo Dios ha guardado todo fiel al principio: uno nunca descubre después, a pesar de cuán completamente una cosa esté desarrollada, que hay un cambio en el principio; el principio está allí y no nos podemos escapar de él”.
Aunque hay formas múltiples en las cuales Dios revela Sus planes y propósitos para Su pueblo, no hay, sin embargo, contradicción con Su carácter y naturaleza o con Sus planes revelados a Su pueblo. El escritor a los Hebreos con seguridad resalta esto en sus declaraciones de apertura:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los Profetas.” (Hebreos 1:1)
Los profetas representas la manera en la que Dios se comunicaba con los suyos, es un viejo orden de dirección y comunicación.
De este versículo, extraemos que Dios ha estado en una comunicación continua con la humanidad. Él lo hizo “varias veces” (en griego polumeros), o en diferentes tiempos y estadios en la historia humana. Él también reveló Su voluntad “de varias maneras” (en griego polutropos) o en diferentes maneras compatibles con nuestra habilidad para comprender.
En otras palabras, Él usó las formas o métodos más contemporáneos para comunicarse con la gente. A través de todo el Antiguo Testamento, es abundantemente claro que Dios se relacionaba con la gente en el nivel de la comprensión de ellos. Los Profetas no eran sólo usados como instrumentos pasivos de comunicación sino que Él moraba en sus vidas y a través de ellos demostraba Su voluntad al pueblo. Todo lo que ellos comunicaban o edificaban era fiel a los principios divinos y sin una contradicción de las Escrituras – aunque ellos comunicaron en diferentes épocas y utilizaron diferentes métodos.
En este punto, puede ser discutido que no importa lo que Dios comunica o edifica en la tierra, es siempre fiel a los principios divinos. “Podemos tomar como establecido que si en la superestructura hay algo que está fuera de armonía con el principio espiritual original básico de Dios, eso va a ser un defecto, que augurará tragedia tarde o temprano. La superestructura, en cada detalle del principio, tiene que ser fiel a su fundamento, al original”. Por lo tanto, podemos estar de acuerdo de que la Iglesia es la superestructura de Dios en la tierra. Su misma naturaleza y operación es gobernada por los principios divinos que no contradicen a las Escrituras. Básicamente, puede ser mencionado que los principios fundamentales de Dios son transferidos de una vieja estación a una nueva, aunque la estructura que originalmente albergaba estos principios, puede haber sido desmantelada.
Es más, en cada nueva estación, principios nuevos son desentrañados; dando ímpetu y mayor definición al proceso formativo de edificación de los propósitos de Dios dentro de las estructuras terrenales. Estas estructuras deberían ser “más precisas” que aquellas estructuras, las cuales reflejaban “de manera precisa” (en un punto previo en el tiempo) la revelación de esa estación única.
El espíritu de la reforma presenta a la Iglesia una “nueva y mejor manera de dar a conocer más exactamente a Dios”. Siempre cuando el espíritu de la reforma es soltado desde el trono de Dios, su objetivo primario es introducir al creyente a un “mejor” orden de cosas.
El propósito de la reforma es conducido por el deseo de “seguir hacia la perfección”.
TRES COSAS QUE DEBEMOS DERRIBAR POR LA PALABRA PARA ARRIBAR A LO NUEVO:
– Costumbres:
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Jeremias 10:3
– Tradiciones:
• Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. (Mat.15:6)
• Hay un espíritu que trabaja muy asociado a la tradición que es el darse por superado. Muchos pueden decir: “Yo, gracias a Dios no tengo tradiciones”, pero debemos saber que eso significa estar atado a la tradición de no creer estar atado a una tradición.
• Una tradición tiene una función en nosotros que es no dejarnos ver la gloria que estamos viviendo hoy.
• Una tradición opera haciendo sentir al individuo que está mal, es más, está mal porque ya la tradición es un ente tenebroso adentro nuestro.
• La tradición no nos deja ver cada mañana al abrir nuestros ojos que todavía hay comida; que todavía hay un llamado telefónico que nos dice que nos aman; la tradición no nos deja ver la salud de nuestro cuerpo.
• La tradición no nos deja ver que hay gente que nos quiere, la tradición no nos deja ver que hay un montón de cosas a nuestro alrededor que se están dando, porque las tradiciones vienen para fastidiarnos.
• La tradición nos hace sentir que los niveles de éxito no son los esperados, porque para tener éxito alguien nos dijo que teníamos que tener esto, más esto, más lo otro.
• La tradición no nos deja disfrutar el auto que tenemos, tradición te hace ver la deuda que te queda, pero no te deja ver que estás al día con los pagos.
• La tradición nunca te dejará ver lo que Dios te ha dado, estarás nervioso y no sabrás por qué, antes porque no tenías plata, ahora porque no sabes dónde invertirla.
• La tradición te hace pensar que ahora todo está tan difícil, la tradición no te deja ver tus comienzos pequeños, la tradición nos pone de mal humor.
• La tradición no quiere que vengamos a la reunión, tradición es que nos cueste todo lo que tiene que ver con Dios, tradición nos hace sentir cansados, todo eso es un espíritu, que cuando le buscamos la punta al ovillo, nadie nos lo puede explicar.
Culturas:
Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. 1ª Corintios 7:23
Ser esclavos de los hombres es ser esclavos de sus culturas. No debemos mezclar nuestro depósito eterno de Dios con nuestras culturas, y esto no será fácil, sino que es traumático.
Nuestro próximo desafío para la vida plena es asegurarnos que lo único que quede por delante es avanzar en lo que Dios habló y que no seamos nuestro propio estorbo en hechos culturales.
El costo de la salvación es el costo de romper una cultura, porque el espiritual va apareciendo como alguien que va rompiendo murallas de cultura.
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