Desde la mente de Cristo, todo acto de obediencia, tiene repercusión eterna. Ningún acto de obediencia a Dios es circunstancial y pasajero. El acto mas pequeño de obediencia siempre esta conectado con el propósito eterno. Ningún acto de obediencia debe ser tomado en poco.

Quien pensaría hoy que el pequeño acto de obediencia de Ananías con Saulo, desataría verdades eternas para generación de generaciones. Claro, sucede que uno lee la historia terminada, nosotros ya vemos las 14 cartas de Pablo, los XXI siglos de la Iglesia sostenida por verdades reveladas al apóstol Pablo por el Espíritu Santo, nos damos cuenta, cuan glorioso fue aquel encuentro. Pero preguntémosle a Ananías que todavía no había visto el final de ese encuentro. Para él era simplemente un acto de obediencia con alguna persona medianamente conocida que estaba haciendo daño a la Iglesia. No sabemos si Ananías midió que aquel encuentro nos afectaría a todos nosotros.

Las cosas no se miden cuando pasan o cuando están por pasar, las cosas se miden después que pasaron. Así es la eternidad. Por eso Jesús le dijo a Pedro: “Pedro lo que yo voy a hacer ahora no lo entiendes, pero lo vas a comprender después, solo necesito que obedezcas ahora, porque esto va a tener repercusión eterna…”

Cada acto de obediencia nunca pasará de largo en la visión y en el corazón de Dios, porque eso suma al propósito eterno del Señor.

Ap. Gustavo Lara

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