Aburridos de escuchar

«Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír» (Hebreos 5:11).

El autor de Hebreos quiere llevar a sus lectores a profundizar en su comprensión de nuestro gran sumo sacerdote Melquisedec, rey, pero no puede debido a la  inmadurez espiritual de ellos. Sus lectores son «tardos para oír».

«Tardos para oír» (nothros) significa perezoso, lento o perezoso. Hubo un tiempo en que estaban ansiosos por escuchar la Palabra de Dios y obedecerla. Ahora están aburridos, no responden a su mensaje. Sus mentes se han desviado en otra cosa de menor valor. Eran difíciles de enseñar.

John Brown escribió: «Cuando el Evangelio fue predicado por primera vez a ellos, esto despertó su atención, ejerció sus pensamientos. Pero ahora para  muchos de ellos se había convertido en algo común y que se lisonjeaban de que sabían todo sobre el tema  se había convertido  para ellos como un sonido al que se había acostumbrado el oído  la persona no es consciente de ello, no presta atención a ella.»

El tiempo perfecto en el original sugiere endurecido en la incredulidad. Hubo un tiempo en que algunos de estos lectores estaban ansiosos de oír, fuertes, listo para aprender, pero han caído en un estado embotado. Que es su estado actual. No habían estado siempre en ese estado. El proceso se completó en el tiempo pasado que da lugar a la apatía actual de la audición. Ellos han adquirido este estado mental y espiritual en el transcurso del tiempo. No pueden quitarse de encima ahora. La incredulidad cierra los oídos y endurecen los corazones. Con el tiempo se hace imposible la comprensión espiritual.

La madurez se define por aspectos específicos de conocimiento, comprensión y funcionalidad, en el aumento de los niveles de complejidad y responsabilidad.

En cuanto a su madurez, Pablo escribió a los Corintios, “Me propuse no saber nada mientras estaba con ustedes sino a Jesucristo, y a éste crucificado”.7 Él explicó, “Hermanos, yo no pude hablarles como a espirituales, sino como a mundanos meros niños en Cristo. Les di la leche, no alimento sólido, pues todavía no estaban preparados para ello. De hecho, todavía no están listos”.

Pablo compara el no conocer otra cosa más que a Cristo y a éste crucificado con la “leche” para niños.

También comparó su estado de infantiles, con ellos siendo “mundanos” o “carnales”.

La carnalidad significa estar motivado por los deseos de la carne y no por los deseos del Espíritu, haciéndolo a uno incapaz de hacer distinciones comunes y ordinarias consistentes con la vida de un creyente maduro.

De la apreciación de Pablo a los Corintios, simplemente conocer a Cristo y a éste crucificado, no significa que un creyente sea maduro; él dejó claro que, sin más, uno es carnal e inmaduro. Esto pone de relieve la necesidad de madurez como requisito previo para recibir y comprender la sabiduría que viene de Dios.

Pablo enseñó que hay un mensaje de sabiduría, revelado por el Espíritu Santo.

Tal sabiduría, escribió, sólo puede dársele al que es maduro,

Nosotros, sin embargo, hablamos un mensaje de sabiduría entre los que han alcanzado la madurez, pero no la sabiduría de este mundo ni de los gobernantes de este siglo, que vendrán a ser nada. No, hablamos de la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó para nuestra gloria antes de que el tiempo comenzara. (1Corintios 2,6-7 NVI).

No es el mensaje de la sabiduría que hace que los creyentes maduren, sino más bien, son las enseñanzas fundamentales y la comprensión que les permiten escuchar el mensaje de la sabiduría.

El objetivo es que cada creyente sea capaz de representar al Padre como un hijo maduro de Dios. Sin embargo, estos conceptos de madurez están en gran parte ausentes en el pensamiento de los creyentes de hoy.

El entrenamiento de los creyentes en Cristo

Aun cuando los creyentes seleccionan entre la gran variedad de maestros y materiales cristianos publicados, su aprendizaje es desordenado y sin la estructura adecuada para producir la madurez. Tener un conocimiento tópico específico, pero carecer de una base sólida para la sabiduría, es una característica comúnmente recurrente de los creyentes que muestra el resultado de esta educación no estructurada.

El énfasis estrecho de ser salvo y prepararse para ir al Cielo ha producido un pueblo que por lo general es incapaz de participar en el mundo que les rodea. El papel de los cristianos en la sociedad es visto como alguien que gana prosélitos al ofrecer una vía de escape de los problemas del mundo actual, y esta perspectiva cristiana limitada quita el énfasis en la necesidad de los creyentes a participar de manera significativa en la sociedad.

Buen domingo!

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