La palabra conflicto también significa infligir, pegar, golpear. Algunos dicen: “A mí me están pegando por todos lados”, esta es la frase que se refiere al conflicto. 

Si Dios nos ha de usar, Él se va a fijar si aprobamos una materia que se llama el arte de resolver conflictos. Y aprobamos, cuando nos están dando por todos lados, pero no transportamos eso a la asamblea ni a la Iglesia; la iglesia ni se entera. Otros por el contrario dicen: “Tuve un problema familiar, o económico…”   “¡que me ayude la Iglesia! ¿Dónde está Dios?”  No es así.  A la asamblea tienen que llegar el silencio de los hombres que por la vida del espíritu han producido tantos ruidos afuera que cuando vienen a hacer Iglesia, las situaciones personales (lindas o feas) se callan, para que no haya ruido en la construcción de la Iglesia. 

Porque un día vamos a tener para dar testimonio que Dios nos dio un auto, otro día estaremos enojados porque un hermano no nos devolvió dinero; ninguna de las dos situaciones deben llegar a la hora de tiempos apostólicos para resolver los asuntos del reino. Hay cosas que tienen que quedar dentro de lo que es la cantera. El hecho que lo comentemos muestra nuestra inmadurez: los niños siempre lloran en público. 

La inmadurez no aguanta en silencio el proceso de dolor, sino que hace un culto de lástima al dolor. 

Y la Biblia dice que debemos padecer,  lo que es diferente a sufrir. El sufrimiento es un dolor, pero el padecimiento significa que tú eres el que por el espíritu amortiguas el dolor; no porque no te guste decirle nada a nadie, sino que por el espíritu tienes la paz que gobierna tu espíritu.Manejar conflictos significa que no todo el mundo se entera de lo que  estamos pasando. 

Hay muchísimas cosas que nos han frenado como Casa, como asamblea. No podemos estar manejando camino a nuestra casa y ya empezar a contarle a nuestra esposa: “no sabes lo que me pasó, y lo que me pasó, y lo que me pasó… “, y uno se pregunta por qué esa persona se lleva tan mal con los demás en la Iglesia: “por bocón, porque no sabe padecer”. 

Por eso bendito el hombre maduro, el manso, que no es el buenito; el manso, aquel que cuando es puesto bajo conflicto, por causa del examen que está rindiendo ante el ámbito espiritual, no lo guarda ni para odio ni para rencor, sino que lo guarda por la vida del espíritu. Otros en cambio dicen: ¡Yo me las aguanté pero ahora exploté! Esto no es mansedumbre, es una bomba atómica.

Si el Señor ve que somos capaces de frenar nuestra boca en el día del conflicto y resolverlo, Dios nos va a confiar. No estamos para dar una fiesta de lágrimas ni explotar en la Iglesia. 

Buena jornada!

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