Ningún conflicto es tan grande como nosotros lo vemos.

Dios nunca permitirá que una situación difícil nos supere, eso está bajo el control de la soberanía de Dios. De hecho que si nos metimos ahí por cabeza dura nos va a costar un poco más la disciplina, pero nunca el Señor dejará a un hombre o una mujer que en la mente dice: “Señor, tú vas a edificar la casa con hijos y yo soy tu hijo; y si ésta es la molienda para mí, entonces se van a oír ruidos en mi casa, pero  Tu Casa tiene que ser edificada y en silencio”. Y esto no pasa por hablar con alguien o no, sino que tenemos que resolver nuestra inmadurez. Los niños hacen bien de gritar en público, y ser niño no debe ser tomado como una ofensa, sino como un elemento de medición. 

No es malo ser niño, lo malo es no saber ser niño; no podemos ser niños espirituales y tener ínfulas de ser hombres maduros en Cristo; entonces el conflicto no está en el conflicto, sino en la revelación que tenemos del espíritu. Por eso Pablo dice: no seas un neófito; neo es: nuevofito es fe: no ser un nuevo en la fe. 

Hay personas que son viejas en la asamblea pero nuevas en la fe; entonces hay cosas que no podemos hablar con esas personas.Tenemos que saber detectar que a un conflicto  le podemos sacar provecho espiritual.  No es un conflicto por cabeza dura, sino un conflicto del que tenemos que salir por la vida del espíritu. 

Los conflictos que son parte del programa de Dios, tienen entre otras características: que son desiguales. Es decir, siempre nos vamos a sentir en una situación injusta, es uno contra muchos, es demasiada debilidad contra demasiado poder.  Tiene que ser así para que Dios tenga la oportunidad extraordinaria de dejar un sello en nuestra vida: “Que el que sacó nuestra vida del conflicto fue Dios”, para ir preparándonos para ser la iglesia gloriosa en la tierra.

Nunca debe llegar ruido en la construcción apostólica de una Casa. Y tienen que verse piedras acabadas para que la construcción progrese, y no que sean piedras-bola. Porque la construcción de la Iglesia es como un rompecabezas: cada uno entra en un lugar específico y único. El problema cuando una persona no está acabada en el mundo del espíritu, es que entra en competencia, porque tiene el estado bruto que tienen otros y que tenemos todos, pero en la medida que los conflictos nos van preparando, somos únicos. 

A piedras acabadas no se llega porque alguien nos dio una palabra profética, a esto se llega porque aprendimos el arte de resolver los conflictos, y eso fue dejando en nosotros la persona que Dios diseñó. Abraham tuvo un conflicto, enfrentó con 300 personas a cinco ejércitos: eso fue un conflicto desigual. Aquí hay gente que ha vivido situaciones injustas, que no se merecían, que  no hicieron nada para estar en ese conflicto y sin embargos las metieron. 

Buena jornada!

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