Los conflictos tienen que ser injustos para que Dios muestre su justicia.

Hay situaciones familiares que pueden resultar injustas, pero debemos declarar: Señor, por la palabra yo me determino a crecer. Cuando Abraham asaltó a los cinco ejércitos, lo hizo con palos y de noche, y es el primer ataque nocturno que registra la historia de la humanidad. Esto se originó en un hombre que no se puso a llorar. Él dijo: tengo una palabra de Dios en mi genética, no salió a hacer alianzas, pero fue a su casa, armó a sus siervos, a sus criados, con picos, con palas, sabiendo que era inocente de este conflicto, pero que tenía una palabra de Dios, por lo tanto decidió no quedarse allí. Y fue, y Dios mostró su gloria y se le apareció Melquisedec y le dio diezmos de todo el botín; Melquisedec se le apareció porque la guerra era desigual.

Éstos son principios del reino, esto no viene para resolver nuestra vida, esto viene para sacudir el mundo, esto es lo que va a producir una reforma. Todos tenemos un momento en la vida en que nos sentimos desiguales, que es el momento de la molienda; pero debemos saber que después de ese conflicto hay un lugar en el cuerpo que nos está esperando.  Cuando tocamos la asamblea, lo único que tocamos es un montón de gente con problemas, pero cuando tocamos el Cuerpo de Cristo, el cuerpo nos da vida, nos da sangre, nos da protección, nos da salud, ¡NOS DA TODO! 

Debemos dejar operar la vida del espíritu y salir del espíritu de víctimas. Porque Dios nos está esperando con un destino de gloria, pero debemos ser procesados. Si la guerra no es desigual, Dios no tiene gloria para manifestarse. Y lo único que prepara nuestro carácter es la gloria de Dios, y la gloria de Dios es que nos amemos los unos a los otros, como Él nos ha amado.

Dios está levantando una gran compañía de santos que han sido procesados por diferentes circunstancias y que ahora pueden entender a los que vienen en el camino. 

¿Por qué Dios cubrió a los tres muchachos en el horno del fuego? 

Porque la guerra era desigual.  Era fuego contra carne, pero ellos dijeron: preferimos una guerra desigual ante Dios, porque Dios es el Dios de la justicia. Ganar en  circunstancias desiguales, ahora, es determinante. El Evangelio es provocar vida desigual. Nunca busquemos las guerras iguales, porque traen dolor, las desiguales traen a nuestro favor gloria de Dios manifestada a nuestra casa. 

Muchas veces pensamos: “Señor, esto es injusto”; pero tengamos la seguridad que el Señor  nos dará esta palabra: “Hijo, la vida es injusta, porque si la vida fuera justa, tú nunca me verías a mí, El único justo soy Yo, por lo tanto levántate, y declara la palabra y si es posible, ponle silenciador a tu casa y a tu corazón. 

Dios busca en la tierra una generación que interprete y resuelva los conflictos en la vida del espíritu.

Hay conflictos desiguales para que Dios se manifieste poderoso sobre la vida de las personas; es desigual que tengamos un cáncer, es desigual que tengamos una deuda que no podemos pagar, pero no tenemos que ponernos en la posición de víctimas, sino en la posición del espíritu; es un conflicto desigual, por lo tanto Dios se ha de mostrar justo, poderoso, determinante con sus hijos. 

No pidamos la solución de los problemas, pidamos primero la interpretación de los conflictos. No necesitamos una solución, necesitamos una interpretación. Interpretar es un arte.

Muchas gracias por haber acompañado esta serie de publicaciones!

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