El evangelio se debe interpretar por el espíritu en dos dimensiones, debemos hacer algo por nuestros hijos, pero también lo debemos hacer por nuestra generación.

Si hacemos algo por nuestros hijos, si trabajamos para dejarle algo a nuestros hijos, para dejarle una herencia espiritual a nuestros hijos, está muy bien, pero esto es solamente una pata de la verdad, porque si no trabajamos con nuestro vecino, con nuestro compañero de trabajo, y con nuestra generación, una pata del evangelio no va a quedar activada, porque algún día nuestros hijos conectarán con personas que no conocieron al Señor, y aquello que sembramos, alguien vendrá y se lo comerá, por eso hay que servir a nuestra generación y a nuestra descendencia.

Entonces cuando servimos a nuestras generaciones no solamente salvamos nuestra descendencia, sino que preservamos a toda nuestra generación y a nuestros hijos para que puedan crecer hasta crear en la tierra una generación que va a reformar todas las cosas.

La palabra apocalipsis significa correr el velo, y lo más importante en la vida de la fe es caminar más allá del velo.

Muchas personas viven basadas en sus conjeturas y eso es lo que hoy nos impide vivir más allá del velo, más allá de un mundo que a veces no entendemos. Cuando decimos: “yo no entiendo lo que está pasando en el mundo y en mi vida” Esa palabra: “No entiendo”, la biblia la traduce como velo.

Muchos de nosotros todavía tenemos algunos velos que se tienen que correr para poder ver toda la gloria que Dios tiene para nuestras vidas.

Según la palabra del Señor no existen velos para nosotros que hemos nacido después de la cruz. Por eso dice la Biblia: en aquellos días Yo escribiré mis leyes en sus corazones. En aquellos días proféticos la Biblia dice que no hay velo, porque en el día del Señor el velo se rasgó y cuando Cristo rompe un velo, Él no deja nada por hacer.

Cuando nosotros hablamos del velo que se tiene que correr estamos hablando de nuestras propias formas de pensar, que están basadas en la ignorancia, por causa de no haber caminado al ritmo de lo que Dios ha estado hablando al mundo en los últimos años.

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