Llegamos a último blog de esta serie tan importante. Gracias a todos por sus comentarios.

“para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria”, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.

Efesios 3:16

La concesión de Dios no tiene que ver con nuestra necesidad, Dios no está mirando lo que necesitamos para darnos algo, Dios está mirando las riquezas de la gloria de Cristo para darnos algo.  Él no puede ver nuestra necesidad, porque para el Padre todas nuestras necesidades fueron absorbidas en Cristo. Cuando Jesús fue a la cruz, el Padre dejó de vernos a cada uno de nosotros, y más nos vale que sea así, porque si no estaríamos igual que los impíos. Si hoy estamos vivos y oyendo la palabra es porque ya no existimos, el Padre nos está viendo a través de Cristo. Una persona carnal es alguien que viene a la iglesia pero se ve fuera de Cristo, cree que poco a poco irá mejorando, pero no se trata de que mejoremos, se trata de que desaparezcamos; la esperanza a la que fuimos llamados es que Cristo que está en nosotros se manifieste en nuestros corazones. Ese es el punto clave del evangelio.

“…os dé, conforme…”, La palabra conforme es la palabra katá, que significa un estándar.

Así que lo que el apóstol Pablo dice es que él ora al Padre de nuestro Señor Jesucristo para que nos conceda “ventajas”, y nosotros tenemos el Espíritu Santo para que esas ventajas nos sean reveladas. Y cuando estás son reveladas se produce un “estándar” en nuestras vidas. Esa es la palabra Katá. Cuando se nos revela por el espíritu lo que Él nos ha concedido, el Espíritu nos va a manifestar conforme al estándar de vida que nosotros creemos, qué es la gloria de Dios.

Cuando el Espíritu Santo se manifiesta en nuestra vida hay un efecto de apertura en nuestra visión, podemos ver más lejos, podemos ver que hay un estándar de vida mayor al que vivimos. Cuando ese estándar mayor viene por la mente humana, produce vanidad, pero cuando viene por la revelación del espíritu lo que viene es fe y acceso a lo que estamos viendo.  Cuando ese estándar se piensa en términos humanos, pensamos: que para esto tenemos que orar más, esforzarnos más. Cuando la mente procesa, procesa en trabajo y en agenda, cuando el espíritu procesa, procesa en fe y en estándar espiritual.

Dios no nos concede salvación solo para que no vayamos al infierno, sino para que produzcamos algo en la tierra, y cuando producimos ese algo, vamos descubriendo qué nos ha concedido Dios.

Lo que se va de la tierra son los estándares, ni Cristo, ni Dios. No podemos decir: “el Señor no se está manifestando hoy como en el primer siglo”, Dios sigue igual, Él no cambia.  Lo que se va de la tierra son los estándares de los seres redimidos, entra el conformismo. Levantar estándares significa que vamos a ganarnos enemigos, y esa es la lucha espiritual que no queremos tener. Estándar espiritual es que a donde estamos el ámbito tiene que cambiar, las cosas tienen que ser gobernadas, algo tiene que suceder cuando nosotros estamos, porque hay un estándar espiritual. Y no algo producido por nuestra mente, sino por testigos que no somos nosotros.

Podemos tener ideas geniales pero que no producen nada porque están sin estándar. Ahora, cuando hay un estándar espiritual hay testigos, no amigos. Testigos que determinan testificar sin conocernos, sin saber nada de nosotros, de que fuimos una persona con estándar en ese lugar. Nuestro estándar no nos lo puede dar un profeta, ni un apóstol, ese estándar nos lo da el espíritu en función de la Gloria de Dios. No hay mayor gloria en la tierra que la sustancia de Dios encarnada en la vida de un ser humano

Gran tarea nos queda por delante, redimir y reformar 1800 años creyendo que la gloria de Dios es una experiencia en una reunión. No debemos usar inapropiadamente la palabra gloria: “reuniones gloriosas, tiempos gloriosos”, ni usar la palabra gloria vanamente. 

Dios ya fabricó nuestras vidas, Dios no tiene una agenda, los próximos días lineales para nosotros ya fueron diseñados, escritos y pensados por el Padre, es nuestra tarea averiguar qué es lo que el Padre ha escrito para nosotros, y en ésta temporada averiguar oyendo su voz, declarando las maneras y las formas conforme a los diseños de Dios para sus hijos.

No somos alguien buscando una palabra de Dios, cada uno de nosotros somos una persona tratando de leer lo que ya Dios escribió desde antes de la fundación del mundo dentro de nuestro espíritu. No estamos para oír una palabra con nuestros oídos naturales, sino para oír la palabra espiritual que ya Dios habló a nuestro espíritu, a Su habitación.

Un fuerte abrazo a todos!

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