LAS ERAS – Separación de la Carne III

  • 8 de junio de 2022
  • Yonathan Lara
  • 5 min de lectura

Saludos, nuevamente nos encontramos, para continuar analizando la Era de Nacón.

En 2 Samuel capítulo 6 del versículo 1 al 4, se describe en detalle como fue transportada el arca del pacto, y entre  todos los personajes se destaca  Ahío, quien iba delante del arca.

Ahío significa “hermano”, el alma es hermana del espíritu; y un alma no regenerada no obedece a lo que el espíritu le ordena, sino que va delante. Ahío es el símbolo del alma  no regenerada, que se interpone en los caminos de Dios. El alma no regenerada opera invirtiendo el orden  establecido por Dios. 

El orden establecido por Dios, antes de la caída del hombre, es: el espíritu en comunión con el Espíritu de Dios, ordenando al alma y ésta sujetándose, obedeciendo, a través del cuerpo. Luego de la caída este orden fue invertido, el espíritu perdió la comunión con el Espíritu de Dios, el alma quedó huérfana, situándose como directora y señora de todos los desafíos y vivencias que debía enfrentar, sin  obedecer al espíritu. Ahío simboliza la carne almática que quiere dirigir al espíritu, como si fuera un hermano mayor.

En el nuevo nacimiento el espíritu del hombre cobra vida porque se conecta con su Padre: Dios, esto posibilita que ese orden divino se restablezca, solo que el alma debe saberlo y empezar a entrenarse cada día en este nuevo rol. Ya no es dueña y señora, sino que se debe sujetar, aquietarse  para escuchar y obedecer al espíritu. Entender que en este nuevo nacimiento ya no está sola, que también tiene un Padre, que no es huérfana, y que está en un proceso de santificación.

Esta santificación es  progresiva y consumada. Es consumada porque como dice Hebreos 10:14, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los santificados. A través de su sacrificio, nuestro salvador nos hizo santos, no se necesitan más sacrificios, ni más ofrendas.

Es progresiva porque el alma participante de la vieja naturaleza, la adámica, debe cada día ir rindiéndose al señorío de Cristo, a través de la obediencia al espíritu que está en comunión con el Espíritu de Dios. En la carta a los Filipenses capítulo dos versículo doce,  el apóstol Pablo les recomienda que cuiden su salvación con temor y temblor, parafraseando  sería así, ya son salvos, pero deben estar atentos, seguir trabajando y no  descuidar esta salvación.

Aunque posicionalmente fuimos sentados juntamente con Cristo en lugares celestiales, eso no quita lo que dice Apocalipsis capítulo tres versículo veintiuno, progresivamente debemos vencer para poder disfrutar de ese lugar prometido. 

Posicionalmente hemos muerto con Cristo, como lo describe Romanos capítulo seis versículo ocho, pero gradualmente debemos considerarnos muertos, Romanos 6:11.

En la Era de Nacón, debemos separarnos de la carne, a través del nuevo nacimiento y con el Espíritu Santo en nosotros esta separación es posible. Algunas formas de hacerlo posible pueden ser las que detallamos a continuación.

  • Creer que hemos sido liberados del pecado.
  •  Para vencer la carne debemos amar a Dios. Si lo amamos, guardaremos sus mandamientos. 
  •  Ver a Jesús como el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). Pablo se enfocó en Jesús para vencer lacarne (Romanos 7:24-25).
  • Examinarnos a nosotros mismos (2 Corintios 13:5) y permitir que el Señor ilumine esas áreas que no fueron rendidas a su gobierno.
  • Huir  de las pasiones desordenadas (1 Timoteo 2 6:10-11; 2 Timoteo 2:22), reconociendo que no las podemos enfrentar, que somos débiles y si nos quedamos nos va a terminar venciendo.
  • Mantener y anhelar la pureza, abstenernos de los deseos carnales que luchan contra el alma (1 Pedro 2:11).   
  • Rendir  nuestros cuerpos para que Él pueda ser visto y transformarnos en   instrumentos de justicia (Romanos 6:13).
  • Perseguir en todo momento la perfecta santidad, a través del principio de la sabiduría que es el temor de Dios (2Corintios 7:1).
  •  Presentarnos ante Él con súplica y oración para que Él nos limpie (Filipenses 4:6; Salmos 51:2).
  • Alinear nuestro vivir cotidiano al Espíritu y  caminar en ese sentido (Romanos 8:1-2; Gálatas 5:16-17).
  • Recordar siempre que Él vendrá. La esperanza de la segunda venida tiene un efecto purificador en el creyente.

1 Juan 3:3

“ Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”

Cuando Jesús regrese, en el momento de la glorificación, nuestra naturaleza pecaminosa será eliminada y la santificación será totalmente completada.

Ahío representa las obras de la carne. Debemos saber vencer las obras de la naturaleza caída, aunque estemos en este envase de carne.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.